sábado, 23 de enero de 2016

El lirio amarillo

“Mirad los lirios del campo…”, escrito con birome, entrecomillado, caligrafía impecable. Doy vuelta el cuadro. La foto no me convence, pero el paspartú está sano y la madera más. Maciza, me pregunto si vale la pena pintarla. Quiero desarmar la estructura y colocar una pintura mía. Me encanta encontrar objetos en los cambalaches. Suelo quedarme largo rato mirando canastos con fotos en blanco y negro que nunca llevo. En general hay de casamientos, con señoras de peinados altos, de esos que llevan mucho spray, como se usaba antes. Pienso en matrimonios rotos y gente muerta. Nunca encuentro de carnavales porteños, esas imágenes de niños disfrazados que veo por Internet. Esa es mi fantasía hasta ahora insatisfecha entonces no compro. Pero esta vez pago mi marco. El vendedor me actualiza el precio, coloco la foto amarilla y verde en una bolsa de nylon. Hace ruido y temo se quiebre el vidrio pero aun así corro el colectivo que parece querer dejarme sobre la avenida, en una tarde que no atempera el asedio de 35º a la sombra, en una ciudad que los convierte en 40º.
Llego a casa, prendo el turboventilador para que haga su gracia y coloco el cuadro en el piso para empezar a lijarle los vértices, de modo que la pintura penetre y quede prolijo. Lo tomo, repaso con la lija algunos raspones y resuelvo dejarlo así, porque esa tonalidad bambú, aunque sea pino, me transmite paz. Lo observo por detrás y vuelvo a leer el título, ¿qué historia de amor transmitirá? No veo manera de que remita a otra cosa, sino a un momento de enamorados al aire libre, charlando y mirando el lirio amarillo. La flor está a la derecha, el fondo se desenfoca permitiendo su esbelto primer plano y a la izquierda lo acompaña erguido un tallo de hoja espigada, masculina. Pongo el lirio en la pared beige, aun creyendo que va a tomar su lugar mi pintura azul de pequeño diámetro y de pronto no lo dudo: queda mejor que cualquier otra imagen, ganó el lirio.

sábado, 6 de junio de 2015

SOBRE LOS ANTIADHERENTES AL #NIUNAMENOS

Fui a la marcha del #Niunamenos sin haber seguido por TV los distintos recortes de los noticieros. Me llamó mi hermana y me dijo entre sollozos: “Esta es nuestra marcha. Tenemos que estar ahí”. Yo estaba trabajando, ocupada, asentí y le dije que hablábamos luego para coordinar.

Desde que comenzó a gestarse, a partir de la iniciativa de distintas periodistas en Twitter, me resultó una convocatoria apasionada. De ese tipo de fenómenos que suceden como reacción ante otros de alto impacto. Los sucesos de alto impacto en la opinión pública fueron crímenes. Asesinatos de chicas comunicados hasta la redundancia y el morbo.

Suelo considerar que más allá de cierta data dura que arroja incremento de los llamados femicidios;  los crímenes, violaciones, asesinatos y abusos son tan viejos como las múltiples vejaciones del hombre por el hombre. Para mí lo que incrementó es la visibilidad y el repudio social, porque lo que ha cambiado es el acceso a la información, la velocidad en la difusión y los límites de lo moralmente aceptable.

Hoy vivimos en un orden distinto al de hace cincuenta años. Vivimos en democracias trastocadas por una transición de entre eras. No hay acuerdo acerca de si la modernidad terminó o si la contemporaneidad responde a un orden nuevo. Más allá de eso Argentina en particular goza de libertades y de un empoderamiento social en el que el ciudadano se siente convocado a expresarse.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan. Mi ficha de lectura.

Cuando me desperté no había aire en la habitación. Respiraba mi propio calor. A falta de acondicionado el turbo suele responder bien, pero por la baja presión y pese a las varias aberturas, no corría una sola corriente y el ventilador era puro acting. Abrí las cortinas y salí al balcón. El aire seguía sin moverse. Me lavé la cara y salí con los ojos como dos huevos a buscar comida para mi gata. Hacía horas, a las 2 am, había terminado Nada se opone a la noche.

No pensaba hacer esta ficha de lectura porque Delphine de Vigan me aportó mucha información para la novela que vengo escribiendo. No se trata de tener la torpe ambición de copiarla sino de que ¿Para qué mentir? Me sentí muy identificada en varios aspectos.

En Nada se opone a la noche la escritora francesa narra a la madre. Desde que la encuentra muerta y azul hasta que la despide de igual forma. En el medio: toda una vida y una manera de vivirla atravesada por un trauma que desencadenó una enfermedad mental. La mamá de Delphine era una mujer hermosa a la que la vida fue gastando con el uso. Fue objeto de manipulaciones desde pequeña por su extraordinaria belleza. Su ser rubio y callado le valió admiración y desdicha. Su bipolaridad ejerció una violencia de humores sobre sus hijas que las curtió al punto de vivir en estado de latencia. Pero la mamá de Delphine no era mala. Padecía y afectaba el devenir de los demás.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Con las sombras del Che en la cara


De nenas disfrutábamos los veranos en el patio de baldosas color ajedrez. Regábamos imaginando shows televisivos. Las plantas eran la tribuna de pibes ruidosos y nosotras, conductoras al estilo Xuxa, las mojábamos con chorros de pintura incolora. Otro juego consistía en quemar corchos y dibujarnos barbas, para hacer una representación fiel de Fidel Castro y Ernesto Guevara, entrando en el follaje de Sierra Maestra. Dispuestas al combate, hablábamos a lo cubano y nos matábamos de risa. Esperábamos a papá así pintadas. Nuestro uniforme de batalla eran remeras XL con la foto de Korda. Nos las había comprado en un acto en Ferro, para usarlas de pijama. Queríamos contentarlo actuando. Él llegaba con la cabeza ocupada en otras cosas, ponía poca atención y entraba a comer. Yo me quedaba con las sombras del Che en la cara, con mi camarada al lado distrayéndose en otras cuestiones y con la mente tildada en los documentales de Página 30, sobre islas, balsas y héroes.

sábado, 19 de julio de 2014

Cronopios, famas, esperanzas: locura

Cortázar disfrazado de vampiro con G. M.  por S. Facio
Hace 20 años vino mi padre con un Página 12 bajo el brazo y un libro en el otro. Trajo a casa Historias de Cronopios y de Famas. Yo tendría ocho años, el libro 32. Fue el primero que leí de Julio, pasó mucho tiempo y leo sobre un concurso de relatos acerca del escritor. Habiéndolo estudiado hay que escribir algo. Se me ocurre confirmar mi hipótesis sobre las estructuras mentales y los personajes de Cortázar.

Sábado 19 de Julio. 2014. Mediodía. Releo las Historias, para no confundirme. Me vuelvo a reconocer cronopio con la misma insatisfacción con la que descubrí mi eneatipo de personalidad. Soy aficionada a la psicología. No me licencié en tal disciplina, ni creo hacerlo, pero me encanta.

Termino los textos cortos de Cortázar. ¿Por qué Julio, el amado escritor de las erres arrastradas que murió de sida por una transfusión contaminada, había tenido tan buen tino con sus historias? Porque sus personajes coinciden con los tipos humanos. ¿Es nuevo esto en la literatura? No. ¿Es de ayuda conocer los tipos de personalidad en la vida o para escribir guiones? Sí.

domingo, 22 de junio de 2014

Neofeminismo, porno soft y mujeres fálicas


     Había una vez un grupo de amigos muy chido. Kenny era el mayor. Usaba zapatillas deportivas y medias verde flúo. Siempre hacía lo que decía el capitán Gap, pero dándole su toque intelectual, formado por horas de lectura de revistas de divulgación científica. Al capitán Gap lo llamaban así por su afición al mar y porque solía vestir ropa estadounidense que su madre le compraba por Internet.  Gap comandaba todas las tropelías. El resto eran Cody, Tito, Mr. Soquete y León.

     Un día hicieron buenas migas con unas chicas. Lucy y Samantha. L&S eran chicas malas. Las demás nenas de la clase las llamaban: “las varoneras”. L&S no eran las típicas chiquillas a las que sus mamis vestían de rosa. Lucy y Samantha iban despeinadas, se ensuciaban a la par y se animaban a comer toda clase de asquerosidades.

     Pasó el tiempo y todos se hicieron adultos. La mayoría fueron a la Universidad y abrazaron diferentes causas. Cody y Tito se casaron con algunas de las chicas de rosa. León todavía noviaba con una pero no se animaba a dar el gran salto. Mr. Soquete sobresalía por su humor ácido pero tardíamente consiguió una compañera porque era el más feo del grupo.

     Gap se casó, tempranamente, con la chica más adinerada de todas. Tenía estancias y caballos y quintas y chalets. Y viajes y automóviles y familia y propiedades. Gap fue el primero en convertirse en padre pero su amistad era más fuerte y además de ser el varón cómodo de la casa supo continuar su pasión junto a Kenny.

     Kenny se había convertido en periodista. Gap, era escritor. Juntos escribían sobre jazz, béisbol, los Kennedy, Kim Kardashian y Rihanna. No le hacían asco a nada. Como Lucy y Samantha.

     Lucy y Samantha estaban algo alejadas entre sí, pero ambas habían seguido similares derroteros: sexo, drogas, rock and roll. Más folk, neohippismo, power black y Malcom x. Lucy se había doctorado en filosofía antigua y, como Samantha, Kenny y Gap, trabajaba en el ámbito de la cultura. Samantha, había profesado cultos milenarios y había hecho sus viajes iniciáticos por Indonesia e India pero ya había vuelto a recalar en sus originales puertos y se había especializado en periodismo sobre series televisivas y nuevas tecnologías.

     Una noche, Gap y Kenny volvían borrachos pensando en qué excusa dirían a sus mujeres. Habían gastado todas. De igual manera sabían que la mañana traería el desayuno, el diario y los hot cakes y todo volvería a la normalidad. Kenny era soltero aún pero tenía a su chica, una hermosa neurótica perdida de ojos verdes y pelo tinturado, adicta a las redes sociales y fóbica en lugares públicos.

PRENSADO



Garúaba fino en Buenos Aires. Los adoquines parecían pincelados con barniz. Llegó a su departamento. Soltó las llaves sobre la cama, como quien suelta algo que odia y prendió la notebook. La sed por conectarse se acrecentaba como el hollín de las tostadas. Se batió una taza de café salteada con leche y se puso a escribir. Aparecían números en su pestaña de facebook pero procuró no distraerse. La puta de su historia merecía atención.

Semanas atrás la había descripto con detalles certeros. Era pobre. Villera. Se desteñía el pelo como la de la canción de Horacio Guaraní. Tenía unos toques posmodernos que la hacían distinta. Había llegado a la universidad porque su padre, ahora preso, le había aconsejado que fuera “alguien”. Pero no le había dejado bienes y no le quedó otra que putanear. Su primer cliente había sido un peluquero al que no le pagó el alisado. Bah, se lo pagó en especie. Sobre el sillón lavatorio había debutado laboralmente. El peluquero la contactó luego con una chica de la noche. Él solía ponerle extensiones a varias. Sólo le faltaba un buen par de tetas. Tendría que ahorrar u ocupar el nicho de las pequeñas lolas dulces. Un físico casi adolescente. Podría ser.

Para colmo de convites, Melchor tocó a la puerta.

-No te dije que no vinieras, guacho?
-Abrime. Tenía que venir. Pasame la mitad del prensado. Me corresponde.