Suelo
escuchar a gente que dos por tres se queja de lo mal que le va en la vida, de
lo mal que le tratan y la verdad es que me canso de responder
mentalmente: ¿Y vos para qué te ponés ahí? ¿Y vos para qué estás cuando no te
llaman? Mi filosofía vital también es dar es dar al estilo Fito pero dar de más
muchas veces es darse de menos a uno. No siempre se gana dando y muchas veces
se cobra caro el no darse a uno mismo. Soy de las que despotrican contra el
inhumanismo y el egoísmo de los tiempos que corren pero creo que estar a la
altura de éste partido implica repensar nuestro humanismo. La solidaridad es
algo lindo. Algo bueno. Pero muchas veces esconde voluntades pasivo agresivas
que sólo quieren dominar al otro. Que sólo quieren generar dependencia, aún
inconscientemente. Ese tipo de personalidades que reprochan vueltos donde uno
nunca pidió nada. Yo me pregunto seguido: ¿Qué sentido tiene esperar que te
quiera alguien que no quiere querer? O ¿Para qué escarbo donde no hay nada que
encontrar? Con lo de repensar el humanismo me refiero a que ya estamos lo
suficientemente curtidos como para no caer en los extremos. Cuando se pretende
vivir con dignidad no se espera. Se
vive. Entonces no suele caerse en el reclamo. Porque está bien eso del “todo
vuelve”, uno confía en eso, pero aún más se confía en la dialéctica vital. En la
dinámica de las cosas. Hoy diste de más. Por ahí mañana ligás algo de dónde
menos lo esperabas. Qué se yo. En síntesis, lo que digo, es que me parece que
hay que vivir más relajado y exponerse menos a las variables nocivas. Si sabés
que de determinado lado puede venir un tsunami de reacciones que no te hacen
bien: correte. Es más, si no sabés que
hacer: no hagas nada. Dejá que las circunstancias marquen el paso. Hacé la
plancha y disfrutá de lo que sí te pasa. De lo que sí te hace bien. Y tratá de
no volverte a poner allí donde te pegan. Allí donde te duele. Donde duele no.
Donde duele, en lo posible: nunca. Y si te pasa que te venís exponiendo
demasiado. Ya está. Borrate del mapa por un buen rato. Andate a ese espacio a
veces tan poco practicado llamado “tu interior” y tratá de buscar alguna
verdad. Tratá de encontrar, en principio, si tenés ganas, alguna explicación y
algún origen de tus conductas y, fundamentalmente, luego de ese retiro
espiritual, procurá empezar a develar aquello que te gusta. Aquello que te hace
bien. Aquello que tenés ganas de elegir y empezá a practicarlo más seguido. Luego,
empezando a hacer lo que deseás y queriéndote bastante más después de reconocerte
algo transformado podés salir a jugar de nuevo. Y en primera. Y pedís el pase
como loco. Que te toca a vos y morís por jugar. Y querés ganar. Y ser feliz.
Obviamente.

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